Cracovia, recorriendo el alma de Polonia

Cracovia es, para muchos polacos, el alma latente de todo un país. Antigua capital, la ciudad se asienta en el sur de Polonia como un nudo que comunica el centro de Europa con el resto del viejo continente.

Así, los infames nazis consideraron su geografía como una potencial ventaja política y militar que desembocó en la construcción del infierno de Auschwitz. El campo permanece hoy, apenas a setenta kilómetros, como una herida abierta y un cruel testimonio de la inhumanidad.

En los límites de la ciudad, además del legado histórico, predomina la belleza de construcciones monumentales que enorgullecen a toda una nación y están amparadas por la UNESCO.

Plaza del mercado y torre del Ayuntamiento de Cracovia

Plaza del mercado y torre del Ayuntamiento de Cracovia

Corazón artesano

La tercera ciudad más grande de Polonia mezcla tradición y modernidad para deleite de sus muchos turistas. El corazón de Cracovia late en la Plaza del Mercado -Rynek Glówny-, lugar de reposo, paso y encuentro habitual. La música, la comida, la historia y la artesanía fluyen a partir de la Lonja de los Paños -Sukiennice-, edificio medieval que preside la gran plaza.

Alrededor, construcciones anacrónicas y preciosistas como la Torre del Ayuntamiento, acompañan a un buen número de restaurantes  –El Wierzynek, de 1364, es el más antiguo de Polonia- y bares en los que detener la marcha. Son puntos de contemplación y calma reflexivas.

Castillo Real en la colina de Wawel, Cracovia

Castillo Real en la colina de Wawel, Cracovia

Castillo vigilante

Cerca de la plaza, tras un paseo breve por callejuelas encantadoras que guían hacia la colina de Wawel, junto al río Vístula, asoma en lo alto el imponente Castillo Real que albergó a casi todos los monarcas regentes de Polonia.

Sus jardines oxigenan un entorno de fantasía y el recinto exhibe una de las mejores colecciones de tapices de toda Europa. Pervive el recuerdo de antiguos héroes patrios, como Estanislao, que descansa en la bella catedral instalada también en Wawel. La pequeña ascensión a pie traslada a épocas de glorias pasadas y esplendores culturales.

Huellas de la tragedia en el gueto Judío

Uno de los reclamos preferidos por los turistas evoca la crueldad humana. Por un lado, el barrio judío de Kazimierz revitaliza la intelectualidad, el arte y la vida actual mediante museos, sinagogas, restaurantes y bares de sorprendente diseño, sin disipar el horror que vivió Cracovia y casi toda Polonia bajo la ocupación nazi.

Por otro, el antiguo gueto inmortalizado por Steven Spielberg en La lista de Schindler resopla de día y bulle de noche como zona de alterne. Abandonando la ciudad, el destino más común es Auschwitz, terrible rescoldo de la Segunda Guerra Mundial.

Es posible recorrer edificios, barracones, paredones y caminos en solitario o bajo la guía de expertos estudiosos. Sin duda, una visita que quita aliento y deja poso.

 minas de sal de Wieliczka

Capilla de San Juan a 135 metros de profundidad en las minas de sal de Wieliczka

Viaje al subterráneo

La otra ruta saliente y recomendable dirige hacia las Minas de Sal de Wieliczka, aproximadamente a quince kilómetros de la ciudad. Patrimonio de la Humanidad desde 1978, la zona de visita desciende hasta 135 metros bajo el suelo.

No obstante, los corredores son lo suficientemente amplios y luminosos como para no temer ataques de claustrofobia. Sí es necesario un abrigo extra para soportar la humedad durante un paseo que suele rondar las cuatro horas.