Edimburgo subterráneo: descenso a la ciudad escondida

Pocas ciudades de Europa conjugan belleza e intriga como sabe hacerlo Edimburgo.

Elegante, tenebrosa, abarrotada de tejados y de chimeneas desiguales, de edificios y de leyendas centenarias, la capital escocesa juega sus cartas con maestría. A la luz del día, sorprende el equilibrio preciso entre la refinada Ciudad Nueva y la laberíntica Ciudad Vieja, un contraste fascinante de cuyo encanto es imposible escapar.

Sin embargo, cuando la luz se desvanece, los mitos y episodios siniestros parecen cobrar vida y deambular por los callejones, cementerios y recovecos de la ciudad… y retumban con especial intensidad en el subsuelo.

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La ciudad vieja, el corazón de Edimburgo. Foto: Angie Castells

La ciudad vieja, el corazón de Edimburgo. Foto: Angie Castells

Porque, bajo las calles abiertas y colmadas de tiendas y visitantes, entre oscuridad y pasadizos, Edimburgo guarda un entramado claustrofóbico y desconocido. ¿Te atreves a recorrer la ciudad subterránea para conocer el pasado y la historia de sus habitantes?

Adéntrate bajo la superficie y descubre un Edimburgo subterráneo que no es visible a simple vista.

Mary King’s Close, los callejones sepultados

La Royal Mile es la espina dorsal de la Ciudad Vieja de Edimburgo: tapizada de adoquines, flanqueada por edificios históricos y surcada por estrechos callejones, esta avenida medieval desciende desde el Castillo de la ciudad, en el extremo superior, hasta el Palacio de Holyrood, en el extremo inferior.

Lo que pocos de los caminantes que la transitan día a día imaginan es que por debajo del suelo que pisan se extiende otra capa de la ciudad, un entramado de leyenda detenido en el tiempo que se tapió siglos atrás.

Edimburgo - La Royal Mile

Bajo la Royal Mile se extiende el Edimburgo subterráneo. Foto: Angie Castells

Se trata de Mary King’s Close, una red subterránea que toma el nombre de un antiguo callejón comercial. Cuando la luz del día todavía la bañaba, en el siglo XVII, en la concurrida calle y en los callejones vecinos vivían y comerciaban varias familias de artesanos. Sin embargo, tras la desoladora plaga de peste que azotó la insalubre Edimburgo a partir de 1644, y el estado cada vez más precario de los edificios, se decidió tapiar esta parte de la ciudad y recubrirla de nuevas viviendas. El laberinto de callejones y casas de artesanos siguió intacto, aunque esta vez, subterráneo e inaccesible; envuelto en oscuridad, en un aire cada vez más pesado… y en leyendas.

Desciende a The Real Mary King’s Close (hoy en día, una de las principales atracciones turísticas de la ciudad), recorre el inframundo de Edimburgo y sumérgete en las estremecedoras historias de los habitantes de la ciudad que cayeron fulminados por la plaga entre los callejones, y de los comercios de artesanos que se hundieron en el abandono siglos atrás.

A Mary King’s Close no le faltan leyendas de espíritus que deambulan entre las sombras: el más conocido es la pequeña Annie, una niña que murió durante la plaga y que vaga sin rumbo reclamando su muñeca. Como ves, la realidad y la ficción se confunden en esta escalofriante gruta, en una experiencia que te llevará a empaparte de la intriga que tanto caracteriza a Edimburgo.

Las criptas de South Bridge

En Edimburgo, la transición más notable entre la Ciudad Vieja y la Ciudad Nueva se realiza a través del emblemático puente North Bridge. A medida que te adentras en la Ciudad Vieja, lo haces a través de otro puente, aunque algo más inusual por su camuflaje: South Bridge se encuentra ceñido entre los edificios, y hasta que no contemplas las calles que se extienden por debajo desde algún resquicio no tienes la sensación de estar atravesando un puente.

El puente North Bridge conecta la Ciudad Nueva y la Ciudad Vieja de Edimburgo. Foto: Angie Castells

El puente North Bridge conecta la Ciudad Nueva y la Ciudad Vieja de Edimburgo. Foto: Angie Castells

 

El puente se camufla gracias a que, en el siglo XVIII, el espacio de los arcos quedó tapiado y se dividió en un grupo de 120 criptas y cámaras subterráneas en distintos niveles. Son las Edinburgh Vaults, las criptas de Edimburgo, uno de los lugares más fascinantes y embrujados de la capital escocesa. Al principio, las oscuras cámaras cumplieron con la función de almacén de los edificios colindantes, y algunas incluso se transformaron en talleres de artesanos o en tabernas y burdeles improvisados.

En aquellos tiempos, los pasillos unían las criptas a modo de calles; una suerte de centro comercial del inframundo, oscuro, húmedo y lúgubre, donde se apiñaba lo que no tenía cabida en la superficie.

Aunque lo peor llegó cuando las criptas, muchas de ellas abandonadas por las malas condiciones, se convirtieron en el hogar de los ciudadanos más empobrecidos e indeseables de la ciudad. Hacinados en un entorno insalubre y frío, olvidado por la luz, algunos edimburgueses vivieron y murieron dentro de South Bridge.

Hoy en día, muchos tours guiados descienden a este siniestro universo subterráneo de habitaciones y pasadizos huecos y te proponen descubrir el pasado de Edimburgo a través de mil y una historias paranormales. Aunque hay otra forma de acceder a las bóvedas: algunas de ellas se integraron en los edificios vecinos y se convirtieron, de nuevo, en almacenes o habitaciones de algunos bares de la zona,  como Whistlebinkies (South Bridge) y The Banshee Labyrinth (Niddry Street), que presumen de ser algunos de los pubs más embrujados de Escocia.

El enigma de Gilmerton Cove

Mary King’s Close y las bóvedas de South Bridge se encuentran en el corazón de Edimburgo, pero en el suburbio de Gilmerton, a pocos kilómetros del centro, otra construcción subterránea inspira preguntas y enigmas desde hace siglos. Se trata de Gilmerton Cove, un conjunto de grutas y pasadizos que alguien excavó en la piedra con un propósito todavía desconocido. Hasta unos años atrás se creía que había sido un herrero del pueblo, George Patterson, quien había construido esta morada en 1719; aunque los últimos estudios apuntan a que Gilmerton Cove es bastante anterior.

Descenso a Gilmerton Cove. Foto: Angie Castells

Descenso a Gilmerton Cove. Foto: Angie Castells

Las teorías respecto a su origen, que puedes descubrir descendiendo a la gruta en una visita guiada, abarcan todo tipo de posibilidades: un refugio para los templarios, un lugar de encuentro para los masones, una destilería ilegal de whisky… Sin embargo, una pregunta centenaria sigue filtrándose a través de las especulaciones. ¿Quién construyó la cueva? Y, muy en especial… ¿con qué propósito lo hizo? Enigmas que se repiten, una y otra vez, en los pasillos y cámaras del subsuelo de Edimburgo, ciudad de intriga y de leyendas también bajo la superficie.