La nueva Lisboa; tradición y modernidad van de la mano

La Revolución de los Claveles (1974), la inclusión en la Unión Europea (1986) y la Exposición Universal (1998) han convertido a la refinada capital de Portugal en foco de tendencias y expresiones; una ciudad abierta y vanguardista. Lisboa mantiene sus rostros más tradicionales conservados en formol, protegidos del progreso, el liberalismo, y las nuevas necesidades sociales. El tiempo no pasa en La Alfama, avanza lentamente en Belém y salta a pies juntillas en el Bairro Alto, Chiado e incluso La Baixa. Lisboa ha crecido hasta los seiscientos mil habitantes, 2,6 millones asumiendo toda su área urbana, con espectacularidad. De cara al enorme final del Tajo, adaptada a una superficie montañosa que recuerda a Roma, la ciudad prospera socialmente con esplendor artístico, comercial e intelectual.

Alfama Lisboa

La Alfama desde el mirador de Portas do Sol

A diferencia de otras poblaciones importantes del país (Oporto, por ejemplo), la ‘saudade’ flota casi invisible en un entorno más actualizado y flexible. Desde lo alto del Castillo de San Jorge (o el bucólico mirador Portas do Sol), las cicatrices de historia pasada quedan delatadas a simple vista; de noche, también las nuevas heridas arrojan luces que fluyen en la parte baja, entre calles, cuestas y plazas, hacia la frontera de agua, cruzando el imponente puente del 25 de Abril o el mastodóntico viaducto Vasco de Gama. Hacia el futuro.

Plaza del Comercio, Lisboa

La Plaza del Comercio, en el barrio de La Baixa,es la más importante de Lisboa

Pasos en La Baixa

El centro de Lisboa transcurre activo y ruidoso a pie de calle, mientras en lo alto sobresalen fachadas clásicas que exhiben con orgullo autóctono azulejos coloristas. La disposición de calles es ordenada, según la visión urbana del Marqués de Pombal, que reconstruyó La Baixa en el siglo XVIII después de sufrir un terremoto devastador. En contraste con una arquitectura tradicional, la vida en La Baixa avanza hacia la modernidad. La Avenida da Liberdade camina a grandes pasos entre largas hileras de pequeños y grandes comercios nacionales e internacionales. Entre la Praça dos Restauradores y Marqués de Pombal, abundan jóvenes alojamientos, restaurantes y bares junto a viejas plazas y monumentos. Matrimonios desfasados que buscan equilibrio. El entorno es ideal para arrancar cualquier viaje por la ciudad o sus alrededores, ya que el transporte (autobús, tren, tranvía) cubre múltiples horarios y trayectos. Junto a Restauradores, habitantes y visitantes encuentran acomodo en la Praça do Rossio, una de las más bellas de la ciudad. El Elevador da Glória, una suerte de tesoro con utilidad renovada, comunica La Baixa con el Barrio Alto, más arriba. Asciende hacia un modernismo mucho menos disfrazado.

Elevador de Gloria, Lisboa

El Elevador da Glória, que une la Baixa con el Barrio Alto, lleva en funcionamiento desde 1885

Luces contemporáneas

El Chiado es, para muchos intelectuales, el entorno de vida más apropiado por la latente elegancia de sus teatros, cafés o escuelas de arte. Aparece por primera vez con la misma cara burlona e independiente de Montmartre, en el París más romántico. Sin embargo, el Chiado de hoy data de finales de los noventa, cuando un incendio motivó una sentida reconstrucción. Alrededor de ‘A Brasileira’, una de las cafeterías más populares, se ramifican las conversaciones, el interés y los pensamientos. Entre los lisboetas, do Carmo y Garret escriben la nueva historia de un barrio admirado por todos. Más extremista aún, el Bairro Alto, aún más arriba que Chiado, dispara el nuevo rostro de Lisboa.

La Rua Misericordia avanza cada vez más despreocupada hacia calles reconocidas entre tendederos, grafitis y tiendas alternativas. El barrio más alto de Lisboa es un imán nocturno, pues contiene una sugerente oferta de restaurantes y bares, en algunos de los cuales suenan los fados más emocionantes de todo Portugal. La zona es próspera en librerías, tiendas de música y ropa y franquicias internacionales. Compradores y bebedores tiznan de compulsión una atmósfera atractiva, misteriosa y adictiva. Por el día, en cambio, la vida es silenciosa y el barrio entero parece dormido, más allá de algunas tiendas calladas y abiertas. La Praça Luis de Camões y el Jardim de São Pedro de Alcántara ayudan a contemplar la situación del ‘exterior’ a cualquier hora.

Teleferico parque das naçoes

Teleférico en el Parque das Naçoes

La última Lisboa

Es el retoque más vistoso de la ciudad, huella reciente de la Exposición Universal del 98. El Parque das Nações corre junto al Tajo como un gran espacio activo de ocio y descanso. Los lisboetas acuden para comprar, comer, beber, trabajar y contemplar el puente más largo de toda Europa: el Vasco de Gama (17 kilómetros, 10 de ellos sobre el agua). En este contexto marino, conviven uno de los mayores acuarios públicos del continente, un casino con apariencia futurista, grandes pabellones, un puerto deportivo y una imponente estación. La Gare do Oriente, de Calatrava, ordena, vende y sirve. Un teleférico aporta una fascinante visión cenital de este gran complejo moderno.