La Rioja, caminos hacia el pasado

Logroño aparece monumental desde el puente de piedra, entrada heredada hacia el Casco Antiguo, paso obligado para caminantes y curiosos. Desde el lado norte del río Ebro, sobresale el relieve vertical de las torres de La Redonda, Palacio, Santiago y San Bartolomé. Rúa Vieja abre una puerta hacia el pasado, así como un popular albergue para peregrinos.

Alrededor, calles y fachadas destilan madurez histórica. Barriocepo conduce hacia la puerta del Revellín, una de las entradas originales de la ciudad antiguamente amurallada. Portales, por su parte, guía hacia la actividad callejera, atrapada entre San Juan y Laurel. Estas calles han instaurado otra peregrinación, esta vez profana, hacia bares y especialidades gastronómicas.

El vino acompaña siempre, mientras que las patatas a la riojana y las chuletas al sarmiento perduran como señas de identidad culinaria de toda la región.

Bodega Marques de Riscal

Hotel Marques de Riscal en su bodega de la Rioja Alavesa

Salir de Logroño implica tomar decisiones. Entre los devotos del apóstol, el trayecto oficial atraviesa Navarrete, vieja cuna de alfareros; el refinado asentamiento cultural y rupestre de Nájera; las huellas devotas de Azofra; leyendas y realidades del apreciado Santo Domingo de la Calzada; y Grañón, despedida jacobea de La Rioja hacia Castilla.

Albergues, fuentes y vieiras pintadas alumbran la senda de numerosos caminantes, habituales residentes efímeros en la ruta hacia Compostela. En la capital riojana convergen este Camino Francés, que procede de los Pirineos, y la Ruta Jacobea del Ebro, que alcanza Logroño sobre la calzada romana trazada en tiempos de ocupación (Tarragona, Alfaro, Calahorra, Varea). Como antaño, estos caminos poblados comunican personas, ideas, culturas y modos de vida.

Santo Domingo de la Calzada

Santo Domingo de la Calzada

De Roma a la UNESCO

Las huellas romanas siguen frescas más allá de calzadas, antiguas termas y escombros de edificios públicos. Aunque fenicios y cartagineses introdujeron el cultivo de la vid en España, los romanos desarrollaron nuevas técnicas y popularizaron el vino por todo su Imperio. Esta rutina fue asimilada y madurada en La Rioja con especial mimo. Actualmente, sus caldos de uva son apreciados en todo el mundo y el entorno de viñas compartido con Rioja Alavesa aspira a ser amparado por la UNESCO como Patrimonio Mundial.

La primavera más próxima al verano regala magníficas estampas de color junto al valle del Ebro e invita a paseos sosegados entre hileras interminables de cepas en etapa de floración. Pequeños frutos asoman entre hojas verdes, amarillas, rojas, marrones y anaranjadas.

Partiendo de Logroño, la Rioja Alta enaltece la viticultura desde el vecino Cenicero, pasando por Torremontalbo, San Asensio, Briones, San Vicente de la Sonsierra, Ábalos, Ollauri, Haro, Briñas, Casalarreina, Cihuri, Tirgo, Cuzcurrita de Río Tirón y Sajazarra. Al margen de este circuito preferente, Albelda, Alcanadre, Aldeanueva y Alfaro alimentan la producción en la Rioja Baja.

A veinte kilómetros de la capital, Cenicero abre la veda de bodegas y viñas múltiples. Antiguos lugareños y pastores amontonaban cenizas en hogueras del ribazo y esta costumbre quedó atestiguada en la nomenclatura actual. Berberana y Marqués de Cáceres son dos de los productores vinícolas más reputados del entorno.

Manteniendo el timón hacia Haro, aparece el modesto pueblo de Torremontalbo, cubierto de casas rústicas y envuelto en viñas y bosques. Antes de vislumbrar Briones, un corto desvío hacia el sur descubre San Asensio, donde cada año se reproduce la popular Batalla del Clarete. Viñas y bodegas se agolpan aquí y allá en el horizonte.

San Vicente de Sonsierra

La Rioja en San Vicente de la Sonsierra.

‘Gran Reserva’, cámara y acción

Briones localiza el centro de la ruta y ruega por un paseo tranquilo. El pueblo regala unas majestuosas vistas del campo desde lo alto, accesible a través de calles y fachadas señoriales. La serie ‘Gran Reserva’, emitida en TVE, propagó su belleza en abundantes perspectivas y capítulos. En Briones residen también valiosos templos religiosos y bodegas de abolengo, familiares.

Miguel Merino recibe junto a la calle de entrada, avalado por sus tintos de calidad, pero antes impresiona el poderío de Dinastía Vivanco, propietaria del espectacular Museo de la Cultura del Vino, el más grande de toda Europa. En su interior, abierto al público en 2004, un recorrido por la historia de este cultivo artístico aproxima procesos de elaboración, fabricación de barricas y botellas, medios de transporte, catas, curiosidades. La colección es inmensa y recopila útiles antiguos, esculturas e incluso pinturas (algún Picasso) relacionados de algún modo con el vino.

Desde Briones no resulta difícil ascender hasta San Vicente de la Sonsierra, a dos pasos de Álava (Rioja Alavesa) y muy célebre por los ‘Picaos’ de Semana Santa. La localidad es un mirador envidiable de los alrededores, así como un pintoresco entramado de calles que guían hacia deliciosas propuestas culinarias. Sierra Cantabria y Heredad de San Andrés son algunas de las bodegas que caracterizan esta zona. Más próximo al País Vasco duerme Ábalos, un rico patrimonio monumental sostenido por el turismo vinícola que monopoliza su economía.

Cata de vinos en la Rioja

Cata de vinos en La Rioja

Vino para todos

Regresando a Briones, Haro destaca en el paisaje de cepas. Antes, el pequeño Ollauri presume de bodegas tan reconocidas como Paternina o Beronia. Ya en Haro, la calle de la Herradura acompaña en una ruta de pinchos y tapas en pleno centro. Cultura del vino a pie de calle. En verano (29 de junio), la localidad celebra una de las fiestas más multitudinarias de toda La Rioja. La Batalla del Vino desparrama tinto a raudales sobre los riscos de Bilibio que amurallan parte del asentamiento. Bodegas de enorme prestigio conviven por aquí, a unos cuarenta kilómetros de Logroño. Muga, CVNE, Ramón Bilbao, Martínez Lacuesta o López de Heredia ofrecen visitas especiales hacia sus entrañas, en algunos casos laberintos subterráneos de incalculable valor histórico. En Haro también es posible completar la jornada entre cepas, bien a pie, en bicicleta o a caballo, de la mano de un guía especializado. Durante los últimos años, no obstante, han cuajado las rutas en piragua por el Ebro y los vuelos en globo aerostático.

Desde el aire, quedan desvelados algunos de los secretos mejor escondidos de Briñas, Casalarreina, Cihuri, Tirgo, Cuzcurrita de Río Tirón y Sajazarra. Iglesias, bodegas, castillos, ríos (Oja, Tirón) y enormes campos cultivados colorean un suelo repleto de huellas y tesoros naturales. Ya en tierra firme, las viñas siguen gobernando la vista casi hasta la frontera con Castilla y León.

Monasterio de Yuso

Monasterio de Yuso (siglo XVI), una joya arquitectónica

Cuna castellana

La trascendencia cultural de La Rioja está avalada por el hallazgo de las primeras palabras escritas en castellano. Desde Haro, un desvío hacia el sur aproxima los incunables de San Millán de la Cogolla. En esta población riojana perduran los monasterios de Suso y Yuso, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Suso, el más envejecido, construido entre montes, localiza el descubrimiento. Allí arriba, los eremitas medievales registraron esos escritos pioneros de tanta trascendencia literaria.

No obstante, es Yuso, mucho más grande, el monasterio que capta todas las atenciones presentes. Impresiona su arquitectura y, sobre todo, el contenido salvaguardado entre sus muros. Una gran biblioteca recopila una de las colecciones escritas más valiosas del mundo. Junto a San Millán reposa Berceo, una localidad muy reconocida entre los riojanos por ser lugar de nacimiento de Gonzalo de Berceo, primer poeta en lengua castellana.

Es momento de regresar a Logroño, perderse entre las frondosas sierras del interior riojano o rastrear antiguas huellas de grandes saurios en la Rioja Baja. Pocas veces el pasado ha estado tan a la vista.