Praga, la dulce Navidad

Un manto de nieve cubre Praga. La capital checa alumbra la Navidad de blanco puro y frío. Aquí, la belleza natural está por todos los lados; patina a través del Puente de Carlos (Karlův most) hacia Malá Strana y el castillo; se pierde entre seductoras y angostas calles medievales; camina por la magnífica Plaza de la Ciudad Vieja (Staroměstské náměstí); asciende por torres históricas que vigilan los nuevos tiempos; llama a la puerta de iglesias y sinagogas abiertas; dormita en cementerios, entre recuerdos aun calientes. La nieve también cuaja alrededor de mercados populares, junto a árboles refulgentes, al son de conciertos. Praga se vuelve dulce, especiada, nostálgica y muy activa.

Praga Nieve

Praga se viste de blanco en cada Navidad

Los mercados de Navidad (Vánoční trhy) animan la vida en la gran urbe de Bohemia. Los checos son muy respetuosos con su pasado y celebran las tradiciones navideñas con el mismo rigor con que honran su amada cerveza. El sello artesano queda impreso en distintos rincones de la ciudad: joyas, títeres y otros juguetes de madera, cerámica, sombreros, bufandas, velas aromáticas. En los mercadillos también huele a vino caliente, a salchichas, a chucrut, a galletas generacionales. Asoman árboles navideños, especialmente el inmenso abeto instalado en la Plaza de la Ciudad Vieja, donde también se acomoda un gran pesebre. Suenan cantos religiosos. Bulle la gente durante todo el mes de diciembre. En general, los actos se prolongan desde el día 1 hasta principios de enero.

Mercadillo Navidad Praga

Mercadillo de Navidad en la Plaza Vieja de Praga

Mercadillos de postal

El mercadillo que inunda la Plaza de la Ciudad Vieja es el más popular, enorme y bucólico de todos. Turistas y nativos comparten paseos, compras y postales fotográficas. Los tragos de vino dulce fortalecen la rutina navideña frente a un telón de fondo exclusivo, presidido por la iglesia de Tyn y completado por luces y simbología religiosa. Los puestos de comida abren hasta la medianoche atemperando un clima gélido (bajo cero) que impregna todo de magia costumbrista.

En la céntrica Plaza de San Wenceslao (Václavské náměstí) crece el segundo mercadillo más importante de Praga, también ocupado por visitantes extranjeros y ciudadanos locales. El de Havelská es, sin embargo, el más antiguo (1232) y auténtico. Abre todo el año, pero en estas fechas cobra una relevancia especial para los praguenses. Sin dejar el centro, el mercadillo navideño de la plaza de la República (Náměstí Republiky) exhibe el cristal y la madera, productos intrínsecos a la cultura artesana de la capital. Algo más alejado, en la plaza de Miru (Náměstí Míru), los lugareños se agolpan en grupo ante los puestos de bebidas y juguetes, bajo guirnaldas florales y árboles pálidos y huesudos.

El hielo toma forma en muchos escondites callejeros. En la Plaza de la Ciudad Vieja, una gran pista invita a patinar bajo luces nevadas. Los escultores del hielo trabajan este arte caduco ante la impresionada mirada de los menos habituales. Y en el interior de iglesias, salas o abadías, a salvo de las inclemencias climáticas, resuenan villancicos, conciertos de órgano y coros afinados.

praga navidad

En Navidad, el centro de la Ciudad Vieja bulle de actividad

Mitos y leyendas medievales

La Navidad en Praga, al igual que en el resto del país, es tiempo de supersticiones y hábitos antiguos, muchos de ellos enraizados en la Alta Edad Media. El 25 de diciembre, los hogares cocinan la típica sopa de pescado y la carpa autóctona, platos imprescindibles en un día tan señalado y que también se han convertido en opciones recurrentes entre los visitantes de temporada. La ensaladilla rusa es un acompañante muy apreciado.

En la intimidad, las escamas de carpa, situadas bajo cada plato, garantizan un año entrante repleto de prosperidad y buena fortuna. Entre los solteros pervive la costumbre de lanzar un zapato al aire para encontrar pareja. Y las manzanas, cortadas por la mitad, auguran felicidad si su corazón es estrellado. En caso contrario, prevén días oscuros. En las calles, a la vista de todos, San Nicolás, junto a un ángel y a un diablo, reparte cada 5 de diciembre, víspera de su festividad, dulces entre los niños buenos y carbón entre los que han sido traviesos. Un día antes, Santa Bárbara también premia o castiga el comportamiento de los benjamines.

Aunque los mercadillos acaparan la atención durante estos días de diciembre, las calles Příkopě y Pařížská, en el corazón de Praga, siguen recibiendo a legiones de compradores sofisticados. Las marcas internacionales más prestigiosas proponen regalos especiales para el abrigo, la moda y la estética más cuidada en esta zona acomodada y exclusiva. Edificios imponentes rememoran el pasado opulento de las clases medias y altas de la sociedad.

Reloj astronómico Praga

El reloj astronómico de Praga marca las campanadas de fin de año

Un final ‘astronómico’

Nieve, bullicio, música, artesanía, sabores, aromas y leyendas conforman el espíritu navideño de los praguenses desde la enigmática Edad Media. Si resulta imprescindible visitar los mercadillos y acudir a alguno de los múltiples conciertos programados a lo largo de diciembre, también resulta especialmente significativa la gran celebración de Fin de Año. La Plaza de la Ciudad Vieja es, de nuevo, protagonista del mapa callejero de la capital checa. El Reloj Astronómico (Staroměstský orloj) marca el ritmo de las campanadas con el desfile de los doce apóstoles y la presencia de las cuatro figuras adicionales (el Turco, la Avaricia, la Vanidad y la Muerte). Cotillones de mayor o menor tamaño avivan el Año Nuevo por toda la ciudad, aunque esta plaza mundialmente famosa adquiere dimensiones festivas incomparables. Puestos, bares y conciertos abiertos sirven de reclamo para jóvenes de toda Europa.