Recuerdos de Normandía: ruta histórica por los pueblos del desembarco

El próximo verano se cumplen 70 años de una fecha histórica. Un día que cambió para siempre el destino de una Europa que no supo o no pudo hacer frente a la amenaza que venía del este.

Las memorias bélicas apuntan al 6 de junio de 1944 como uno de los episodios más trascendentes, crudos y asombrosos de la historia escrita. Ese día D, cuando los primeros rayos de sol calentaban la costa de Normandía, el bloque aliado inició un riguroso desembarco en esta pequeña franja del norte de Francia, muy próxima al sur de Inglaterra.
Ochenta kilómetros de playas y rompientes terrestres recibieron una batalla crucial en el devenir del conflicto mundial. Cientos de barcos norteamericanos, británicos y canadienses salpicaron durante esos días el Canal de la Mancha y descargaron soldados y tanques para acometer a las defensas alemanas.
Unas semanas después, París fue liberado y Normandía localizó en sus pueblos y ciudades el agradecimiento de todo un país con sus libertadores. Las banderas siguen ondeando en playas, acantilados, cementerios, museos y numerosas calles del entorno.

Playa desembarco Arromanches Les BainsNormandia

Playa del desembarco en Arromanches-les-Bains, Normandía

Playas del desembarco

Entre Cherbourg-Octeville y Le Havre, distintos emplazamientos costeros marcan el recuerdo del pasado. Pointe du Hoc, treinta metros sobre el mar, ubica una de las misiones más arriesgadas y valiosas del desembarco, ya que el promontorio natural ejercía de estratégico vigía sobre las playas de Omaha y Utah. El lugar conserva en sus propias entrañas a soldados de uno y otro bando, y muestra con natural crudeza las huellas de bombardeos y búnkeres. Omaha y Utah, por su parte, siguen rememorando la actuación de las tropas norteamericanas.
Siguiendo la costa hacia Le Havre, Arromanches-les-Bains obliga a una parada reflexiva. La localidad alberga el Museo del Desembarco y la playa vislumbra aún los pontones (Mulberry) abandonados mar adentro que en su día formaron un enorme puerto artificial. Siguiendo la costa hacia Le Havre, Gold y Sword honran a los héroes británicos, mientras Juno no olvida a sus salvadores canadienses. Las playas son extensas y bellas, inquietantes en lo que aún conservan y en todo lo que vieron pero callan.

Cementerio americano en Normandia

Cementerio americano en Omaha Beach, Normandía

Memorias anónimas

Churchill, Eisenhower, Hitler, Patton, Montgomery o Rommel son reconocidos con mayor o menor influencia en el conflicto armado. Participaron, algunos triunfaron y otros fracasaron, aunque la resaca de la guerra devuelve muchos héroes anónimos que perecieron en plena costa normanda. En Colleville-sur-Mer, separado del mar por la silenciosa playa de Omaha, el cementerio militar norteamericano aparece inabarcable, limpio y orgulloso. En la coqueta localidad de Bayeux, el camposanto militar británico es igualmente sobrio.
Al igual que sucede en las necrópolis de La Cambe (alemana) y Ouistreham (canadiense) destacan las lápidas sin identificación: “Solo Dios lo sabe”. Aquí, la guerra queda expuesta. Un recorrido pausado por el entorno descubre antiguos cañones (Longues-sur-Mer), refugios y memoriales, dispuestos en abundancia y sentido agradecimiento. Los franceses sufrieron la guerra por todos los costados y la gratitud visible en sus poblaciones (banderas, carteles, postales, nombres) sigue desatando las emociones.

Reloj de Rouen, Normandía

El reloj astronómico de Rouen S. XVI es de los más antiguos de Europa

Recuerdos urbanos

Caen, capital de la Baja Normandía, descubre la cara más amarga de la guerra. El museo Memorial exhibe imágenes del horror focalizado en la población civil, acorralada entre uno y otro bando. La ciudad quedó en ruinas, aunque ahora prospera con orden y señorío, renovada y hospitalaria. La iglesia de Saint-Pierre y la Abadía de los Hombres ejemplifican la reconstrucción y la resistencia. Apenas a media hora de Caen descansa la antiquísima Bayeux, que conserva su magnífica catedral románica en un asentamiento medieval, bello y muy cuidado.
Los pasos del desembarco guían hacia Coutances, Avranches o Sainte-Mere-Église, pequeños enclaves con mucho que contar. La Alta Normandía, por su parte, está gobernada desde Rouen, a orillas del Sena. Víctima de bombardeos, la restauración ha recuperado una capital histórica y profundamente bella. Muy cerca, Le Havre crece como la ciudad más grande de toda la región, reconstruida, protegida por la UNESCO y nostálgica. El pasado fue peor, difícilmente olvidable.

Para saber más : Turismo de Normandía