Sicilia, la otra Italia

El estrecho de Messina separa Calabria, la punta de la ‘bota’ italiana, de la isla de Sicilia. Esta división geográfica también se traslada al carácter de las gentes de uno y otro lado, a la cultura y a la filosofía de vida. Como ocurre en todos los países extendidos verticalmente, el norte y el sur representan siempre las dos caras de la moneda, diferenciadas pero con un nexo común. Los sicilianos denotan su italianismo, aunque poco tienen que ver con los refinados habitantes de Milán o los magnánimos herederos de la Roma imperial. Su insularidad lejos de la capital ha forjado una identidad propia.

El volcán Etna en una de sus últimas erupciones

El volcán Etna en una de sus últimas erupciones

Contrastes naturales

Sicilia es la región insular más grande de todo el Mar Mediterráneo, con más de 25 mil metros cuadrados de superficie. Repartidos por un litoral variable y un interior montañoso, más de cinco millones de personas dan vida a uno de los destinos turísticos preferidos por italianos y extranjeros. A lo largo y ancho de la isla corren extensas playas, prevalece una arquitectura ecléctica y preciosista, y crecen los mitos. En días despejados, asoma el Etna, volcán activo que atrae las miradas desde cualquier punto geográfico. El microclima del interior enfría las calurosas temperaturas que azotan Sicilia durante casi todo el año.

Plaza de la Catedral de Palermo

Plaza de la Catedral de Palermo

La cara romántica

Palermo, capital y referencia urbana del Norte, refleja el mestizaje cultural y racial del siciliano. Es la ciudad más poblada de toda la isla (más de 600 mil habitantes) y también la que presenta más contrastes. Es recomendable beber experiencias callejeras y mezclarse entre sus pobladores. Por norma, como en toda la isla, prima la hospitalidad hacia el turista. Entre Trapani (noroeste), Palermo y Cefalú perviven los rincones más románticos y buscados por propios y extraños. Grandes playas de arena, pequeñas calas pedregosas y emblemáticos restaurantes que arrebatan los sentidos. La pasta ‘alla Norma’ o el cuscús ‘al pesce’ evocan el culto culinario.

Templo de la Concordia, en el Valle de los Templos de Agrigento

Templo de la Concordia, en el Valle de los Templos de Agrigento

El lado salvaje

No obstante, Sicilia esconde encanto a espuertas. En el este, Taormina maravilla mientras Catania rememora la naturaleza salvaje de la ciudad. Ya en el sureste, Siracusa es testimonio vivo de un pasado esplendoroso y un presente enigmático que engatusa a cualquiera. Alrededor, discurren caminos hacia pequeñas y bellas localidades (Ragusa, Modica). Siguiendo la ruta costera del sur, Agrigento emerge desde el pasado con el espléndido Valle de los Templos. El núcleo de la isla, por otra parte, pertenece al impresionante volcán Etna (3.329 metros), una experiencia geológica universal y exclusiva.

Puerto de Lípari en las Islas Eolias

Puerto de Lípari en las Islas Eolias

Inspiración artística

Sicilia ha inspirado a artistas de toda naturaleza. Coppola dibujó en ‘El Padrino’ el pasado conflictivo de la isla, estigmatizada durante muchos años por tal razón. Otros grandes directores, como Frank Capra o Giuseppe Tornatore, germinaron en estas tierras de naturaleza salvaje. Al norte, junto a la gran isla, se esparce un pequeño archipiélago (Islas Eolias) supeditado a los impulsos naturales. Lípari, Salina, Panarea, Filicudi, Alicudi, Strómboli y Vulcano son destinos de retiro, motivos de confort y causantes de asombro salvaje. Los volcanes eructan gases ardientes más allá de cualquier control humano y ante miradas de escritores, músicos y actores famosos.