Viaje a Berlín, un paseo por la historia

Las cicatrices de la Segunda Guerra Mundial asoman en cualquier rincón de Berlín. La ciudad es profundamente ecléctica. En ella conviven las huellas arquitectónicas del pasado y las nuevas tendencias modernas que componen uno de los focos culturales e intelectuales más atractivos de toda Europa. La Kurfürstendam, la avenida más antigua de la vetusta capital, mantiene heridas cerradas tras los bombardeos, que redujeron casi todo a escombros y cenizas. Sin embargo, se ha regenerado y convertido en uno de los paseos comerciales más refinados de todo el país.  El espíritu berlinés vive en presente y piensa en futuro, aunque no olvida ni esconde los errores del pasado.

muro berlin

Los restos del Muro de Berlín se cubren de graffitis

Junto al Muro

Antiguamente símbolo de la división y la crueldad humana, el Muro de Berlín se ha transformado con los años en un reclamo de libertad. Solo quedan 1,3 kilómetros de la construcción original (170 km), pero su presencia sigue siendo imponente en el East Side Gallery. Las paredes de hormigón están bañadas con murales firmados por artistas internacionales, cada uno de los cuales ha representado un sentimiento común, una respuesta hacia la guerra, aunque con expresiones diferentes. Entre 1961 y 1989, años de vida fortificada y familias separadas, miles de personas trataron de cruzar sin éxito la barrera artificial. Muchas fueron detenidas, otras murieron y algunas consiguieron escapar a la vigilancia armada.

El cruce de las calles Zimmerstrasse y Friedrichstrasse localiza el antiguo Checkpoint Charlie, el paso más importante entre las zonas soviética y estadounidense. Hoy, la memoria histórica sigue nítida gracias al museo y numerosas exposiciones ubicadas en dicho cruce. Entre las inmensas plazas que hacen guardia por la ciudad, la Bebelplatz es una de las que adquieren más significado trágico. En ella, miles de libros fueron quemados de manera indiscriminada por los militantes nacionalsocialistas.

Puerta Brandenburgo

La Puerta de Brandenburgo, el símbolo de Berlín

Arquitectura para la paz

El homenaje a las víctimas está muy presente en la capital. Cerca de la insigne Puerta de Brandenburgo, también empleada como acceso limitado entre el Berlín Oriental y el Occidental en tiempos de ocupación, el Monumento al Holocausto invita a un paseo reflexivo a través de bloques de hormigón dispuestos en una composición laberíntica. El Memorial de la Resistencia, en Bendlerblock, alude a la Operación Walkiria, el plan conspirativo que estuvo cerca de terminar con Hitler en 1944. Se encuentra en el antiguo Cuartel de Reserva del Ejército Alemán.

Parlameto alemán Norman Foster

La cúpula del Parlamento alemán fue diseñada por Norman Fostrt

El Monumento Soviético, por otra parte, rinde pleitesía a las víctimas rusas en el Treptower Park. No obstante, el destino turístico más popular de toda la ciudad es el Reichstag o Parlamento, incendiado por los nazis para desatar las hostilidades contra la oposición y reconstruido tras la caída del Muro. Su majestuosa cúpula de cristal obliga a una visita interior que requiere paciencia y recompensa con atributos arquitectónicos diseñados por Norman Foster en pos de la unificación alemana.

Monumento a las víctimas del Holocausto

Monumento a las víctimas del Holocausto

El Berlín oculto

El turismo subterráneo transcurre por interminables vías construidas por los nazis para sobrevivir a los bombardeos y muestra parapetos y búnkers similares al que usó el líder nacionalsocialista para quitarse la vida junto a su querida Eva Braun. Los restos del que despidió realmente al dictador no están abiertos al público.

Abandonando el subsuelo, el espanto sale a la luz en los antiguos cuarteles de la Gestapo, entre las calles y museos del renacido barrio judío, y en el vecino campo de Sachsenhausen. A unos 35 kilómetros de Berlín, el primer reducto del terror levantado por los nazis quita el aliento. Pueden visitarse los barracones, las celdas de castigo, la cocina, la enfermería, la fosa común, las cámaras de gas o el crematorio. No es un plan agradable, aunque el interés histórico y humano es innegable.